11.6.06




Eunice se despertó esta mañana con un pensamiento. Pensó en cómo sería la curvatura del pene de ese hombre que le mandaba historias donde el personaje principal de dichos relatos tenía su mismo nombre.
Esa imagen la disolvió en sensaciones que partían en dos su cuerpo. Su vientre estaba húmedo. El clíctoris se hacía duro y grande. Se tocó (estaba desnuda; le gusta dormir sin ropa) y se introdujo un dedo, después el otro. Quiso entonces, que él fuera no sólo una imagen borrosa sino un categórico irrefutable que escribiera con su cíncel los poemas de deseo más hermosos sobre su piel, en su entrepierna que licuaba ya para entonces gemidos ahogados.
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