10.8.06

región del peyote

Se detienen las diástoles y sístoles del corazón del tiempo en Wadley, región donde los cactus alucinógenos gobiernan la dimensión de la conciencia. No hay carlos castanedas salvándose de las travesuras metafísicas de don Juan, sólo ímpetus al estilo Antonin Artaud que se curó de la miserabilidad del pensamiento occidental en poderosas noches de dioses tarahumaras.

Bajo el cobijo de la nocturnidad del desierto estrellado del bajío de San Luis Potosí, se descubre a bote pronto que la búsqueda de la verdad del ser no es ésa que Martin Heidegger trazó en su teología existencial con su Dasein repleto de gramatologías post nietszchianas. La dimensión del ser que entra en proceso de autoconciencia ve la verdad de sí mismo al proyectar sus múltiples Yo sobre el espejo de sus necesidades, miedos y alegrías. Una búsqueda menos académica y sí más acorde con el flujo natural de la existencia. A través de las plantas medicinales.

Los cantos que produce el peyote son la teología misma del laberinto de la vida de quienes ansían salir de la virtualidad de un mundo contemporáneo basado en la angustia, la competencia feroz por el éxito y la pobreza de una vida interior.

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