28.9.06

Vigilarás a tu prójimo como a ti mismo (I)





Bienvenidos al principio del fin de la privacidad o intimidad. El diccionario la define como una "zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo". La conversión de las sociedades contemporáneas en una mega Sociedad Vigilada tal como la plantea David Lyon en Surveillance Society.


Proliferan pantallas y cámaras video/fotográficas y teléfonos intervenidos por toda la superficie de la Neo Tenochtitlán. Cámaras ocultas en postes de luz, en los pasillos del metro, la escuela, el aeropuerto, en la parte superior de los elevadores, en sex shops, en la casa, los supermercados, bancos, en las oficinas del trabajo, los tianguis; en fin, en casi todos los espacios públicos. Por si aún no fuera suficiente, los teléfonos móviles se han vuelto unos agentes proactivos a la hora de invadir la intimidad.


El concepto foucaultiano de panopticón se traslada a las claustrópolis en forma de mayor bienestar y seguridad. El manual del encarcelamiento social viene de la novela 1984 de George Orwell donde unos pocos vigilaban a muchos; cosa que ha sido pervertida ya que ahora en la telerealidad unos muchos (audiencia o telespectadores) espian a unos pocos cuando duermen, se duchan, cuando desayunan, cuando tienen sexo, cuando complotan unos contra otros, cuando se sienten deprimidos por el encierro (psicología conductista). He ahí el alimento de las masas.


La defensa del espacio público, concepto revisado por Jürgen Habermas, es una de las muchas conquistas del liberalismo. Surgió, en gran medida, por la separación Iglesia y Estado; asó como por la división entre espacios colectivos e individuales.


Seguridad o privacidad; nunca las dos juntas. De acuerdo con Anthony Giddens, en La Transformación de la Intimidad, “la posibilidad de la intimidad implica una promesa de democracia”.


Saltamos de una Sociedad Vigilada a una Sociedad del Control que tras el 11-S, 11-M y los atentados terroristas de London, los gobiernos de cada nación revisan, espian, husmean cualquier información, cualquier dato privado es importante.


Bajo el pretexto de que los ciudadanos se encuentran temerosos de sufrir atentados como los de Nueva York, Madrid u otra urbe asolada por el radicalismo, el Estado se encarga de cuidar y vigilar de tiempo completo las vidas de sus gobernados. En Estados Unidos el gobierno interviene millones de llamadas telefónicas y mails. Hasta hace unos años al Estado no le interesaba conocer nuestra edad, domicilio, cuentas de correo electrónico, las llamadas más recurrentes que hacemos a móviles, escolaridad, vida sexual, intereses políticos, condición civil, historia clínica de la familia... las cosas han cambiado.



El caso Italia


Un ejemplo sintomático: La semana pasada en Italia fue -supuestamente- desmantelada una gigantesca red de espionaje nacida al interior de Telecom que vigiló de forma anónima a más de 100 mil personas. La red se valió de la ayuda policíaca y los servicios secretos de ese país. Políticos, empresarios, sacerdotes, futbolistas, financieros, artistas, médicos, periodistas, escritores y ciudadanos comunes y corrientes como nosotros. Atraparon a los creadores de la célula, pero desconocen si hay una cúpula que usaba dicha información con fines políticos o económicos.


Dicha red esta acusada de cooperar con agentes de la CIA que, supuestamente, secuestraron al islamista radical Abu Omar (actualmente en libertad condicional). Giuliano Tavaroli, jefe de seguridad de Telecom Italia, declaró ante los fiscales del caso que proporcionó a los servicios secretos españoles la identidad del dueño de un móvil que tanto interesaba a los ibéricos tras el 11-M.


La pregunta que se hace necesaria formular: ¿Cuántos gobiernos no aplican el mismo método de control sin que sus ciudadanos lo sepan? ¿En México viviremos un espionaje de baja intensidad? Claro, baste ver los casos del precioso gobernador de Puebla con el llamado Rey de la Mezclilla, Kamel Nacif, y las del empresario con Emilio Gamboa, actual líder de los diputados del PRI. Se supone que el único autorizado para llevar a cabo esta actividad es el CISEN. Aunque, si no hubiera tales filtraciones jamás podríamos enterarnos de anomalías gubernamentales.



¿Paranoia o ficción barata?




Siguiente entrega: ¿Usuarios anónimos en internet?...

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